Nací en Cali, Colombia, en 1987. Influenciada por el contexto político y sociocultural de la Colombia de los últimos 30 años. Mi interés es capturar en el tiempo momentos, episodios, historias que me resisto a poner en el olvido. Uso el arte como un lenguaje que permite dar eco a momentos, personas y voces que son todos en sí mismos el territorio donde se ha librado el conflicto colombiano durante años, y del cual aún es necesario crear un relato colectivo a partir de los pequeños relatos individuales. Mi trabajo ha sido  una catarsis de cómo la historia de Colombia ha atravesado mi vida y la de mi familia, vidas cualquiera, como la de muchos otros colombianos que también tienen una voz y algo más en común, esta guerra que consumimos a todos. 


Ante la constante presión de los medios y el gobierno de banalizar y distraer el descontento e injusticias que suceden a diario en este país, algunos buscamos una vía para hablar de ello y dar fuerza a las voces de descontento que están siendo silenciadas. Es casi inevitable no tener algo que decir en medio de todo lo que sucede en Colombia y yo he encontrado mi voz a través de la pintura y de piezas de escultura donde he querido realizar alegorías sobre la ironía, la frustración y la tristeza de lo que nos sucede.

Comencé a desarrollar mi propuesta artística, como una forma de resistencia. Hemos venido heredando a través de generaciones un conflicto de antaño, que ha mutado cada vez sobre la misma base. La desigualdad social ha sido tierra fértil para esta larga y cruel historia. Desde que tengo memoria, bombas, secuestros, robos, asesinatos, narcos, sicarios, traquetos, corrupción, parapolíticos, son el pan de cada día. A lo largo de mi vida he visto y escuchado desaparecer las voces, de tantas víctimas directas o indirectas. El murmullo cesa, pero los afectados cargan con esa tristeza para siempre. Muchos en silencio. Al final invisibilizados. El conflicto que atraviesa de manera trasversal la vida de tantos colombianos, y se desarrolla paralelamente a la vida de mis abuelos, de mis padres y la mía propia, comenzó en el siglo XX y ha crecido ante nuestros ojos, en muchos casos ante nuestra indolencia o nuestra impotencia. En Colombia, tan solo entre los años 1958 y 2012 la guerra ha dejado un saldo de 218.094 personas muertas. La mayoría de ellas causadas por fuerzas paramilitares ( fuerzas armadas ilegales apoyadas por el estado y sectores privados), responsables de al menos 1.166 masacres. Hasta el 2012, se reportaban 25.007 casos de desapariciones forzadas. El 81% de esta cifra de afectados, fueron civiles, inocentes. Tan solo entre 1996 y 2012, se han reportado 4´744.046 víctimas de desplazamiento forzado, de los cuales muchos han terminado en la indigencia en las grandes ciudades, pues esta guerra se ha librado mayoritariamente en el campo, lejos de los grandes medios de comunicación, y donde los afectados son fácilmente olvidados.


​Crecí en un país en guerra. En una guerra agresiva y a veces pasiva para algunos sectores de la sociedad. Una guerra que ha permitido cierta comodidad en la dinámica social, generando esto cierta complicidad e indiferencia en la prolongación del conflicto colombiano, que se ha desarrollado más brutalmente en el campo. A pesar de ser la producción artística una pulsión innata en el artista independiente del tema, para mi el arte ha sido desde siempre una herramienta de lenguaje, de construcción y de reflexión en torno al contexto, y en esa medida se hace cada vez más necesario reaccionar, resistir. 








I was born in Cali, Colombia, in 1987. I was influenced by the political and sociocultural context of Colombia over the past three decades. My desire is to capture in time all the moments, instances and stories which I refuse to let go into oblivion. I use art as a language that allows me to echo moments, people and voices which are all in themselves the territory where the Colombian conflict has taken place for years, and where we still need to create a collective narrative from individual stories. My artistic work has been a means of catharsis on how Colombia’s history has shaped my life and that of my family. Ordinary lives, just like the ones of so many other Colombians who share a voice and much more in common.

We live under constant pressure from the government and the press to trivialize and distract us from the injustices that happen daily in this country, and some of us look for a way to talk about it and strengthen the voices of discontent that are being silenced. I have found my voice through painting and sculptures where I try to create allegories on irony, frustration and sadness about what has happened to us.

I started developing my artistic proposal as a form of resistance. Generation after generation we have inherited a conflict which always builds on the same base: social inequity which has provided fertile soil for this long and cruel story. For as long as I can remember bombs, kidnappings, robberies, murders, drug dealers, corruption, para-politics, are part of the everyday landscape. Throughout my life I have seen the voices of so many victims disappear. The whispering goes away, but those who were affected carry their sadness forever, many in silence. In the end they become invisible.

The conflict which crosses the lives of so many Colombians and develops in parallel to the lives of my grandparents, my parents and myself, started in the 20thcentury and has grown before our eyes. Often in the face of our indolence or powerlessness. In Colombia, between 1958 and 2012 alone the death toll from the war has been 218,094. Most were caused by the paramilitary, illegal armed forces backed by the State and private sector, who are responsible for at least 1,166 massacres. Until 2012, 25,007 cases of missing persons were reported. 81% of these statistics correspond to innocent civilians. Between 1996 and 2012 alone there are reports of 4,744,046 displaced people, many of whom end up living in conditions of extreme poverty in the big cities. Because this war has happened mostly in the countryside, far from the media and where victims are easily forgotten.

Because I grew up in a country at war, witnessing the impact of it in social dynamics, in the complicity and indifference that allow the conflict to continue, for me art has always been a language tool. A tool to express, build and reflect on this context. To react, to resist.

 








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